El desierto que esconde mujeres luchadoras

En el oeste de Argelia existe una región caracterizada por un paisaje de arena, sol, jaimas y casas de adobe. Una enorme cantidad de banderas adorna el territorio y su gente las observa con orgullo. La vida es tranquila y monótona, los recursos limitados. Se trata de los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf.

Hace cuarenta años que una parte de la población saharaui abandonó su residencia y se trasladó a la región argelina. En el año 1975, tras la retirada del Gobierno Español de la colonia y la posterior ocupación marroquí, los saharauis contrarios a la nueva autoridad encontraron refugio en el desierto del país vecino y se asentaron en campamentos. El Frente Polisario y la RASD, la República Árabe Saharaui Democrática, se encargan de su administración. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y algunas ONG también tienen dependencias en el territorio.

Las condiciones en los campamentos son muy duras debido al clima árido y la falta de recursos. Los saharauis dependen de las ayudas exteriores para subsistir, entretanto se busca una solución política al conflicto del Sáhara Occidental. Mientras que ACNUR basa el censo poblacional en 90.000 refugiados, el Gobierno de Argelia y el Frente Polisario estiman la cifra total en 165.000. El número de habitantes es determinante para establecer la colaboración internacional necesaria. En la actualidad, la Comisión Europea aporta cerca de 10 millones de euros anuales en concepto de ayuda humanitaria básica y de subsistencia.

Abdulah Arabi, delegado del Frente Polisario en Madrid, se muestra preocupado y afirma que la situación de los campamentos ha mermado debido a los recortes y la reducción de cooperación internacional. Asimismo, se manifiesta en desacuerdo con el informe del año 2007 de la OLAF, la Oficina de Lucha contra el Fraude de la Unión Europea, revelado el pasado mes de marzo. El documento confirma que el Frente Polisario y el Gobierno de Argelia desvían ayudas destinadas a los campamentos en beneficio propio. Arabi ha desmentido las acusaciones y ha reiterado que el único fin del informe es “tratar de reducir la ya precaria ayuda humanitaria”.

Existe un tema del que nadie habla, según el representante del Frente Polisario. “Echamos en falta que la comunidad internacional nos otorgue el estatus de refugiados para poder tener una documentación como tal. Para desplazarnos, Argelia generosamente nos ofrece documentos”, ha declarado.

En los últimos años los campamentos han sufrido numerosas transformaciones. La introducción de la moneda argelina para el intercambio de productos, el notable incremento de tiendas y coches, la construcción de carreteras, y la llegada de la electricidad son algunos de los cambios perceptibles a simple vista. Sin embargo, un mismo debate aparece continuamente y contrapone dos ideas: el deseo de mejorar las condiciones de vida actuales y la intención de contener los avances al tratarse de una residencia temporal. Abdulah Arabi afirma que el trabajo realizado allí siempre ha sido de carácter provisional y añade: “Nuestro objetivo final es retornar al territorio ocupado actualmente por Marruecos”.

El papel de la mujer saharaui

A diferencia de lo que ocurre en otras sociedades africanas, la mujer ocupa un papel central en la sociedad saharaui. Su labor fue determinante para el establecimiento y el desarrollo de los campamentos de refugiados. Mientras los hombres luchaban contra la ocupación marroquí, las mujeres se ocuparon de la organización administrativa de los nuevos asentamientos. Abdulah Arabi refuerza esta idea y afirma que “el pueblo saharaui está donde está y nuestra casa está donde está gracias al papel de la mujer saharaui”. Por tanto, los años setenta significaron para la población femenina del Sáhara un aumento de su autonomía.

Warda Hamudi, miembro de la Unión Nacional de Mujeres Saharauis (UNMS), define la mujer saharaui como “muy potente y activa”. Además, destaca su importante representación en la política ya que hay ministras en el Gobierno y directoras en distintas organizaciones. Hamudi señala la necesidad de que las mujeres, en especial las jóvenes, se impliquen y participen. Asimismo, insiste en que “hay que trabajar y hay que moverse”, y reitera: “Hay mujeres que no tienen esta oportunidad, así pues tenemos que aprovecharla.

El VII Congreso de la UNMS

Unos 400 extranjeros viajaron a principios de este mes a los campamentos para acudir al Congreso de la Unión Nacional de Mujeres Saharauis (UNMS). La reunión –que se celebra cada cuatro años- tuvo lugar los días 3, 4 y 5 de abril en la wilaya o provincia de Smara. Warda Hamudi explica que el Congreso es una buena oportunidad para que las mujeres hablen sobre sus problemas y perspectivas de futuro. La representante de la UNMS afirma que se debate sobre “todo lo que puede desarrollar el nivel de las mujeres” y declara que el asunto primordial en la actualidad es la participación de las mujeres en la política.

El lema “Gdeim Izik siempre” encabezó el séptimo Congreso de la UNMS, que fue inaugurado el día 4 por Mohamed Abdelaziz, presidente de la RASD. A su intervención le siguió la presentación del plan de actividades y de los distintos participantes. Por la tarde se realizaron mesas redondas para abarcar cuestiones como los derechos humanos, el peligro de las minas,  el expolio de los recursos naturales y la situación de la mujer. El día 4 estuvo marcado por una marcha frente al “muro de la vergüenza”. Durante el último día tuvieron lugar las intervenciones de las delegaciones extranjeras y la elección del Buró Ejecutivo. Fatma Mehdi fue reelegida Secretaria General. Finalizaba así un encuentro que sirve para honrar el trabajo de las mujeres y recordar sus esfuerzos en la lucha del pueblo saharaui.

Fuente: infoactualidad.ccinf.es

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